martes, 14 de febrero de 2017
viernes, 23 de diciembre de 2016
EL ORGASMO: ALGUNOS MITOS Y REALIDADES
Si bien durante mucho tiempo una
sociedad más bien machista solo indicaba que el que tenía que disfrutar era el
hombre (o por lo menos era el único que tenía la posibilidad de reconocer que
disfrutaba con el sexo), la verdad es que el proporcionar placer a nuestra
pareja puede ser tan gratificante como el de recibirlo. El cerebro es en
realidad un órgano sexual muy importante. El deseo, la excitación, el placer, y
más pasan por el cerebro. Por supuesto, esto quiere decir que el primer paso
hacia un orgasmo pasa por la cabeza.
Desde
el punto de vista sexológico, el orgasmo constituye el momento en el cual,
después de una gran tensión sexual que ha venido en ascenso (todos los músculos
están contraídos, los genitales están llenos de sangre, el ritmo cardíaco y el
respiratorio están en su nivel más alto) se descarga esta tensión a través de
contracciones rítmicas de los músculos pélvicos, lo que produce una vivencia de gran placer. Es una experiencia extraordinaria que suele ser el punto
culminante (el más intenso) de la vivencia sexual. Puede ser un momento de gran
plenitud e intensidad. Lo que significa que no se experimenta únicamente en
forma fisiológica, sino que hay un componente subjetivo, emocional fundamental,
que suele experimentarse con un extremo placer y sensación de plena
satisfacción. Cada persona vive sus orgasmos de manera particular.
Hay
muchos mitos y creencias alrededor del orgasmo que pueden llegar a convertirlo
en un punto de preocupación. Uno de los mitos más difundidos dice que para que
una relación sexual sea positiva y adecuada, el orgasmo de ambos miembros de la
pareja debe darse al mismo tiempo. Esto no necesariamente es así. Un encuentro
sexual puede ser muy satisfactorio aunque ambos integrantes alcancen su orgasmo
en distintos momentos. Una relación erótica también puede ser placentera sin
necesidad de alcanzar siempre el clímax.
Otra
de las creencias se relaciona (en el caso de la sexualidad masculina) con la
asociación ineludible entre eyaculación y orgasmo. Muchas veces efectivamente
van unidos, pero no tiene por qué ser siempre así. Es posible eyacular sin
tener orgasmo y viceversa. Esta última práctica, generadora de un placer muy
intenso y prolongado, requiere un aprendizaje y entrenamiento especiales como
por ejemplo el Sexo Tántrico.
En cuanto a la sexualidad femenina, suele
haber una confusión en cuanto a la diferencia entre orgasmo clitorídeo o
vaginal, clasificación proveniente de la propuesta psicoanalítica. Freud (su
precursor) señalaba que las mujeres solamente eran sexualmente maduras cuando
tenían un orgasmo vaginal y decía que el clímax producido gracias a la
estimulación del clítoris era característico de las niñas o las mujeres
inmaduras. Hoy en día persiste la creencia (que genera muchos malentendidos y
preocupaciones) de que si una mujer no alcanza un orgasmo a través del coito,
sin estimulación del clítoris, hay algo que está mal. Esto no es así. Cada
mujer puede vivenciar o no, sus orgasmos a partir de la estimulación de diversas
partes de su cuerpo o a través de distintos estímulos. No existe un orgasmo
maduro o funcional y un orgasmo inmaduro. Lo importante es que la experiencia
sea satisfactoria y placentera para ella.
Otro
de los mitos se relaciona con la idea de que las personas somos responsables de
que nuestra pareja tenga un orgasmo. Esto tampoco es cierto. Cada persona es
responsable de su propio placer. Entre estas responsabilidades se encuentra el
derecho de decirle a su pareja qué y cómo le gusta y qué no. Para ello primero
hay que conocerse, explorar solos o en compañía para aprender sobre el propio
placer y atreverse a conversarlo. Es una vivencia que puede ser muy erótica,
divertida y definitivamente enriquecedora, que consolida y refuerza la unión y
la satisfacción entre la pareja, y el conocimiento y el disfrute de nuestro
propio cuerpo.
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sábado, 17 de septiembre de 2016
EYACULACIÓN RETARDADA Y LA ANORGASMIA MASCULINA
El desconocimiento de la fisiología
sexual masculina y las falsas creencias sobre el control eyaculatorio puede
llevar a que algunos hombres se autocalifiquen de eyaculadores precoces. Por
este motivo muchos de los hombres que llegan a consulta manifestando quejas
sobre la rapidez de su respuesta no responden al diagnóstico de una disfunción
sexual, sino que pueden tener expectativas exageradas sobre su control eyaculatorio
En general se suele identificar la
eyaculación con orgasmo, aunque se pueden producir eyaculaciones no placenteras
sin que medie ninguna explicación médica. El control de la eyaculación es una
de las preocupaciones del varón cuando se enfrenta al encuentro sexual. Así, el
momento preciso de la eyaculación se convierte en preocupación, minando su
autoestima y, con frecuencia, llegando a deteriorar el conjunto de la relación
de pareja
El hombre con
eyaculación retardada suele presentarse con un componente de malestar mucho
mayor que aquel aquejado de eyaculación precoz, y no es infrecuente que llegue
a consulta inmerso en un incipiente cuadro depresivo. La eyaculación retardada
se manifiesta con diferentes grados de severidad en cada hombre. Algunos sufren
percibiendo que necesitan esforzarse para llegar a eyacular, manteniéndose en
la duda sobre si lo lograrán en cada ocasión. Para otros ocurre que nunca
pueden eyacular con el coito, e incluso ni siquiera ante su pareja, de forma
que algunos lo hacen con posterioridad masturbándose. En casos más severos, el
hombre llega a afirmar no haber eyaculado nunca o casi nunca. Se puede definir
como la dificultad o incapacidad de
eyacular luego de una estimulación sexual adecuada. Se considera que la
eyaculación es retardada cuando el hombre requiere como mínimo entre 30 o 45
minutos para alcanzarla, incluso puede llegar a ser tan grave que haya ausencia
absoluta de la eyaculación (aneyaculación).
La distinción entre etiología
orgánica o psicógena del retardo eyaculatorio es de suma importancia. Si el
retardo es situacional, es decir, no se presenta en todas las ocasiones en que
el sujeto eyacula en sus relaciones sexuales o, cosa muy frecuente, no tiene
ningún problema cuando se masturba, podemos descartar las causas médicas. En general, antes de insistir en un
tratamiento psicoterapéutico deben ser investigadas si existen causas orgánicas
que inciden en su aparición. Sin embargo, se puede decir que la mayor
incidencia de casos es de origen psicológico. Este trastorno no sólo afecta
negativamente al hombre, cuando el coito se alarga mucho, la lubricación
vaginal tiende a disminuir y desaparecer, lo que comienza a producir molestias
o incluso dolor al proseguir el coito.
Las causas de origen psicológico
suelen estar asociadas a la ansiedad, sentimientos de inseguridad y baja
autoestima, trastornos de personalidad, fatiga, miedos, excesivo autocontrol,
problemas de pareja, etc. El tratamiento
de la anorgasmia va encaminado en primer lugar a eliminar las actitudes
negativas y prejuicios en torno a la sexualidad en general y al orgasmo en
particular; mejorar la relación a través de la comunicación entre la pareja; establecer
un programa de habilidades sexuales a través de una serie de ejercicios
específicos para esta disfunción; y fomentar el conocimiento, comunicación e identificación
de las sensaciones corporales para así alcanzar el placer integral de la
sexualidad personal, el disfrute del
propio cuerpo y el de su pareja.
domingo, 14 de agosto de 2016
ANORGASMIA FEMENINA
Durante
muchos siglos se le negó a la mujer la legitimidad de sentir placer durante las
relaciones sexuales, por cuestiones del orden religioso o moral, por las cuales
la sexualidad representaba sólo una forma de reproducción. Si bien se aceptaba
el placer en el hombre, no así en la mujer, ya que en ella se lo consideraba
inmoral. Como consecuencia de tantos años de represión, hoy en día se sienten
sus repercusiones negativas, tanto que la anorgasmia femenina constituye una de
las disfunciones sexuales más comunes. La anorgasmia puede
definirse como la ausencia del orgasmo tras una fase de excitación normal,
producida a través de una estimulación que pueda considerarse adecuada en
intensidad, duración y tipo.
El orgasmo femenino es un proceso complejo, que tiene
componentes biológicos, psicológicos y sociales. Estos últimos son claves y así
lo demuestran importantes estudios antropológicos. En aquellas culturas en que
se permite que la mujer disfrute del sexo −tal como lo hace el hombre−, la
mujer tiene orgasmos regularmente. Mientras que en culturas que censuran el
placer femenino, la mujer tiene muchas más dificultades para alcanzar un
orgasmo.
En el caso de esta disfunción la
mujer puede tener deseo y excitación sexual, sin embargo por diversos
factores no culmina la fase de orgasmo. Es una de la disfunciones más frecuentes
en las mujeres, pudiéndose encontrar en frecuencias de casi entre el 30 y 40%
de la población femenina en Latinoamérica. Mucha de esta responsabilidad se la
podemos atribuir al machismo y a la falta de educación sexual de nuestras
poblaciones; en donde el hombre en muchas ocasiones se centra en su propia
satisfacción y en su eyaculación sin darle importancia a la satisfacción de su
pareja, adicionalmente la insistencia de “proveer” el orgasmo solamente por
medio de la penetración, pues la mayoría de las mujeres (75%) sólo puede
alcanzar el orgasmo a través de la estimulación continua de su clítoris.
Para diagnosticar ésta como una
disfunción sexual o inhibición debe ser recurrente y persistente, a pesar de
que se estimule adecuadamente. Esto quiere decir, que existiendo todas las
condiciones físicas y emocionales para lograrlo, el orgasmo no se presenta.
Existen varios tipos de anorgasmia las de origen orgánico - natural (embarazo,
el climaterio, la vejez, etc.); las de origen patológico y medicamentoso;
las de origen sociocultural y psicológicos; entre los cuales se encuentra la
falta o mala educación sexual, vergüenza, culpa, fobias, neurosis,
psicosis, mala relación de pareja actual o pasada, ambiente familiar alterado,
exceso de estrés, sentimientos negativos hacia el propio cuerpo, problemas de
autoestima, etc.
Actualmente existen programas de
entrenamiento para esta disfunción que se realizan paralelamente a la
psicoterapia que dan excelentes resultados. La anorgasmia en la mujer conlleva
directamente a la frustración de ambos y suele generar grandes dificultades, ya
que la sexualidad pasa de ser un fenómeno normal y placentero a una situación
de frustración y desencuentro; que si no es bien manejada por ambos suele ser
un motivo de distanciamiento en las parejas.
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lunes, 11 de julio de 2016
LA IMPOTENCIA SEXUAL
La impotencia
-cuyo término médico es el de "Disfunción
Eréctil (DE)"- es la incapacidad de lograr o mantener una erección
suficiente para una actividad sexual satisfactoria. La DE es una situación muy
frecuente; se ha calculado que afecta en mayor o menor grado a la mitad de los
hombres entre los 40 y los 70 años. Cuando
un hombre es estimulado sexualmente, las arterias del pene se relajan y
dilatan, y el flujo sanguíneo hacia el pene aumenta. A medida que el pene se
expande, las venas del pene se comprimen, y la sangre no puede salir. Con más
flujo sanguíneo entrando y muy poco saliendo, el pene se vuelve cada vez mayor
y más firme.
La mayoría de los
casos de DE (70-80 %) están asociados con alteraciones físicas y no
psicológicas. La DE se puede producir por alteración de uno o varios de los
tres mecanismos responsables de la erección: bloqueo de las arterias;
incapacidad de los vasos sanguíneos dentro del pene para almacenar la sangre; o
daño en los nervios del pene o del área pelviana. También pueden ser
responsables de una DE otras disfunciones fisiológicas, como bajos niveles de
hormona masculina (testosterona). Además, muchos medicamentos comunes—medicamentos para
la presión arterial, antihistamínicos, antidepresivos, tranquilizantes,
supresores del apetito, etc. pueden causar DE como efecto secundario.
Sin
embargo, muchos hombres sufren de una combinación de factores orgánicos y
psicológicos. Cuando no hay enfermedad
orgánica que genere la Disfunción Eréctil se habla de un tipo de DE funcional o
psicógena. Las causas psicológicas de la disfunción eréctil incluyen la
ansiedad de desempeño, el estrés, la depresión y los conflictos
matrimoniales. Para comprender
este tipo de casos es necesario mencionar que la función sexual se encuentra
íntimamente relacionada con la psique y las emociones de la persona, de forma
que cualquier alteración de éstas puede repercutir en la erección. Por eso es
que el estrés, cansancio, estados depresivos, conflictos de pareja, problemas
familiares y laborales o cualquier otro problema que agobie al hombre puede
provocarla. Incluso el hecho de no haber podido mantener relaciones en alguna
ocasión se convierte para algunos hombres en un problema agravando la situación
y convirtiendo en el factor que detona la Disfunción Eréctil.
Adicionalmente la disfunción eréctil puede ocasionar o
exacerbar problemas psicológicos tales como: falta de motivación, baja
autoestima, frustración, falta de confianza en sí mismo y depresión.
Consecuentemente, las relaciones personales, familiares y de negocios pueden
verse afectadas. Estudios recientes indican que las personas que gozan de una
buena salud sexual no sólo sufren menos problemas de depresión, ansiedad,
hipertensión, diabetes, úlcera, cansancio, virus y otras afecciones, sino que
además tienen una expectativa de vida más larga.
La DE es tratable a cualquier edad,
y el conocimiento de este hecho ha ido creciendo. Más hombres han buscado ayuda
y regresado a la actividad sexual normal debido a tratamientos mejorados y
exitosos de la DE. Mitos y
expectativas culturales de la sexualidad masculina han impedido a muchos
hombres buscar ayuda para un trastorno que puede, en la mayoría de los casos,
beneficiarse de un tratamiento médico y psicológico.
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