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lunes, 11 de julio de 2016

LA IMPOTENCIA SEXUAL


La impotencia -cuyo término médico es el de "Disfunción Eréctil (DE)"- es la incapacidad de lograr o mantener una erección suficiente para una actividad sexual satisfactoria. La DE es una situación muy frecuente; se ha calculado que afecta en mayor o menor grado a la mitad de los hombres entre los 40 y los 70 años. Cuando un hombre es estimulado sexualmente, las arterias del pene se relajan y dilatan, y el flujo sanguíneo hacia el pene aumenta. A medida que el pene se expande, las venas del pene se comprimen, y la sangre no puede salir. Con más flujo sanguíneo entrando y muy poco saliendo, el pene se vuelve cada vez mayor y más firme.

La mayoría de los casos de DE (70-80 %) están asociados con alteraciones físicas y no psicológicas. La DE se puede producir por alteración de uno o varios de los tres mecanismos responsables de la erección: bloqueo de las arterias; incapacidad de los vasos sanguíneos dentro del pene para almacenar la sangre; o daño en los nervios del pene o del área pelviana. También pueden ser responsables de una DE otras disfunciones fisiológicas, como bajos niveles de hormona masculina (testosterona). Además, muchos medicamentos comunes—medicamentos para la presión arterial, antihistamínicos, antidepresivos, tranquilizantes, supresores del apetito, etc. pueden causar DE como efecto secundario.

Sin embargo, muchos hombres sufren de una combinación de factores orgánicos y psicológicos. Cuando no hay enfermedad orgánica que genere la Disfunción Eréctil se habla de un tipo de DE funcional o psicógena. Las causas psicológicas de la disfunción eréctil incluyen la ansiedad de desempeño, el estrés, la depresión y los conflictos matrimoniales. Para comprender este tipo de casos es necesario mencionar que la función sexual se encuentra íntimamente relacionada con la psique y las emociones de la persona, de forma que cualquier alteración de éstas puede repercutir en la erección. Por eso es que el estrés, cansancio, estados depresivos, conflictos de pareja, problemas familiares y laborales o cualquier otro problema que agobie al hombre puede provocarla. Incluso el hecho de no haber podido mantener relaciones en alguna ocasión se convierte para algunos hombres en un problema agravando la situación y convirtiendo en el factor que detona la Disfunción Eréctil.

Adicionalmente la disfunción eréctil puede ocasionar o exacerbar problemas psicológicos tales como: falta de motivación, baja autoestima, frustración, falta de confianza en sí mismo y depresión. Consecuentemente, las relaciones personales, familiares y de negocios pueden verse afectadas. Estudios recientes indican que las personas que gozan de una buena salud sexual no sólo sufren menos problemas de depresión, ansiedad, hipertensión, diabetes, úlcera, cansancio, virus y otras afecciones, sino que además tienen una expectativa de vida más larga.

La DE es tratable a cualquier edad, y el conocimiento de este hecho ha ido creciendo. Más hombres han buscado ayuda y regresado a la actividad sexual normal debido a tratamientos mejorados y exitosos de la DE. Mitos y expectativas culturales de la sexualidad masculina han impedido a muchos hombres buscar ayuda para un trastorno que puede, en la mayoría de los casos, beneficiarse de un tratamiento médico y psicológico.

miércoles, 10 de febrero de 2016

¿CÓMO SE ESTABLECEN LAS RELACIONES DE PAREJA? (PARTE I)

                          

Diversos autores coinciden en que la capacidad para amar, para relacionarse de una manera íntima con otra persona, para establecer un compromiso estable depende en gran medida, del grado de estructuración y organización de la personalidad. Las Habilidades sociales que se necesitan para iniciar  relaciones se relacionan con la habilidades conversacionales que se refieren a las destrezas que ponemos en marcha para iniciar, mantener o cerrar conversaciones, para concertar citas, introducirse en un grupo, la expresión de emociones positivas y negativas, el decir no, el expresar o recibir críticas o elogios, la asertividad que se relaciona con la defensa de los derechos personales, la expresión de emociones positivas y negativas.  

Así podemos reconocer dos elementos fundamentales que hacen posible las primeras interacciones entre una pareja, estos son, el lenguaje, el que nos permite dar a conocer y comprender nuestro entorno y sus implicaciones, tanto objetivas como subjetivas, permitiendo a su vez la producción y reproducción de los sistemas sociales; el otro elemento constituyente de la interacción social está dado por el intercambio que se establece mediante impostaciones de voz, gestos, signos y símbolos dotados de significado y sentido, que permiten el reconocimiento, por ejemplo de ciertos estados de ánimo, emociones, actitudes hacia los otros, además de otras características que estarán determinadas por las circunstancias y contextos específicos de nuestro desarrollo como seres eminentemente sociales. Así la comunicación, es decir, el proceso a través del cual los sujetos transmiten información a los otros, posibilita y potencia la interacción social y la posibilidad de entablar una relación íntima.

Es interesante reflexionar sobre lo que resulta más atractivo a la hora de interesarse sexualmente por otras personas. Sabemos que es posible que la respuesta a esa cuestión esté relacionada con el fin que se persiga a la hora concertar citas. Es decir, si la elección está encaminada a escoger a la persona con quien pretendes pasar el resto de tu vida, o si simplemente se trata de escoger a una persona para una relación casual o esporádica.

En las relaciones es frecuente que haya aspectos problemáticos y conflictivos, o bien haya puntos de vacío o desencuentro que no se acaban de llenar. Pero sí que podemos apuntar a una relación que sea lo más integral, plena y evolucionada posible. Para poder crecer juntos es importante tener un proyecto común, una dirección común. El objetivo no es el otro, sino que el otro sea un compañero de camino hacia el mismo objetivo. En la convivencia de pareja, la forma de comunicarse, el estilo de negociación utilizado en la resolución de los conflictos existentes y la visibilidad del  otro son aspectos que deben revisarse en etapas posteriores para que las relaciones íntimas puedan mantenerse a través del tiempo.


viernes, 1 de enero de 2016

LOS CONFLICTOS DE PAREJA




Las estadísticas dicen que los casados viven más y con mayor calidad de vida,  esto cuando no hay conflictos. Pero los conflictos: enferman mental (depresión, trastorno bipolar, bebida, violencia,..) y físicamente (corazón, cáncer, enfermedades inmunológicas, dolor crónico...). Hasta aumentan la probabilidad de accidentes de tráfico, incluyendo los mortales. Los conflictos en la pareja generan también problemas en los hijos (problemas de conducta, depresión y problemas para alcanzar la intimidad en el futuro). En mayor o menor medida, con buena o mala fortuna, todas las personas adultas conocemos la experiencia del amor, del enamoramiento, y también del desamor y de las consecuencias emocionales que implica. Cuando empezamos una relación todos sabemos que esa relación puede terminar. Si la función que tiene la pareja humana es la de desarrollar la capacidad amorosa de cada individuo, puede ocurrir que ese sistema empiece a no ser válido para el desarrollo personal de uno de sus miembros y a partir de ese momento tiene que haber un replanteamiento real y una asunción de la crisis. 

            Ese conflicto puede venir motivado por un cambio de valores individuales, por un cambio de trabajo, por la entrada de una tercera persona dentro del marco sexual o afectivo-emocional, por el nacimiento de un hijo, por el fallecimiento de un familiar de uno de los miembros de la pareja, o por cualquier otra circunstancia cotidiana que influya directamente en la emocionalidad, y eso repercute en su sistema más próximo. Una crisis de pareja no significa necesariamente el fin de una relación pero su presencia hace saltar la alarma y nos alerta de que algo no va bien. Las crisis de pareja forman parte de la relación amorosa. Se trata de momentos difíciles en los que parece tocarse fondo y sobre los que sobrevuela bajo el fantasma de la separación. El conflicto se vive como una amenaza que abre brecha en nuestra siempre frágil seguridad emocional. El desenlace dependerá de cómo sepamos afrontar esta especie de naufragio transitorio; sólo un cambio de actitud y de enfoque puede devolvernos el amor.

En  la pareja se va construyendo un método para tomar decisiones y se establece una estructura de poder, que puede ser más ó menos democrática, pero siempre aceptada por los dos. La toma de decisiones es una de las fuentes de conflicto importantes en la pareja. Si una pareja logra remontar este bache, la relación se ve fortalecida y ambos miembros experimentan un crecimiento personal y afectivo. Pero si fracasa en el empeño, la ruptura puede convertirse en la única salida de la relación. Determinados estados emocionales como la depresión y la ansiedad pueden afectar seriamente una relación y la solución tiene que pasar, en primer lugar, por la curación del miembro que las padece. Los problemas de comunicación son una de las dificultades más graves y habituales que manifiestan las parejas en conflicto y la principal causa que motiva en los matrimonios la necesidad de acudir a un terapeuta. La capacidad de diálogo sincero es un rasgo distintivo de madurez personal. Aunque los expertos aseguran que la mujer tiene mayor habilidad para expresar sus emociones, la transparencia debe caracterizar una comunicación entre iguales, donde no existan dominadores ni dominados, vencedores ni vencidos. Para tener intimidad, para resolver los problemas, para tomar decisiones, y para convivir es preciso saber comunicarse, escucharse y respetarse. La capacidad de comunicarse y de resolver los conflictos es fundamental para la continuidad de la pareja.

Podríamos concluir que el amor conyugal está en crisis porque los resortes del hombre contemporáneo se han vuelto frágiles. Se vive sin asideros, sin soportes sólidos, en una existencia que a veces tiende al vacío, a la superficialidad o al ritmo vertiginoso de vida, pero en ocasiones sin un rumbo definido. Desde este punto de vista se hace difícil y costoso entender que el amor (darlo y recibirlo)  se aprende y que además necesita de esfuerzos, de renuncias y de sacrificios, que muchas veces somos incapaces de brindar.

domingo, 27 de diciembre de 2015

¿CUANDO ACUDIR A TERAPIA DE PAREJA?


     Cualquier pareja, por imposible que parezca, es susceptible de pasar por un momento de crisis. Lo que empieza como una relación fluida puede verse interferida por factores como el cansancio, el estrés, los problemas laborales, familiares o económicos. La convivencia diaria puede llegar a erosionar mucho la vida en pareja y, unida a otros factores, pueden echar a perder hasta la mejor de las relaciones. Muchas veces, además, la crisis sobreviene sin que ninguna de las dos partes tenga ningún deseo de que suceda, ni mucho menos de romper la pareja. Cuando esto ocurre, tal vez sea el momento de buscar un poco de ayuda externa para recuperar la armonía perdida.

     En el momento en que surgen los conflictos, la estabilidad mental y emocional empieza a tambalearse. Es muy fácil dejarse llevar por el enfado, el rencor, el despecho y los sentimientos de traición. Guiados por todos ellos, aún resulta más fácil echar la culpa de todo al otro, asumir un papel de víctima y poner distancias y barreras a la comunicación. Muchas son las formas de acercarse o los motivos por los cuales una persona decide acudir y de una u otra forma están relacionados con el dolor, la incapacidad para manejar una situación, la relación con los hijos, con la familia de origen, la intrusión de una tercera persona, la propia personalidad o la de la pareja y más. La terapia de pareja está dirigida a personas que mantienen una relación de larga duración y que presentan dificultades de convivencia. Que la pareja, sea o no matrimonio, o involucre a personas de mismo o distinto sexo no es determinante.

     Sin embargo, cuando las parejas dan el paso y se deciden acudir a terapia, tienen una serie de pensamientos casi siempre desviados de la realidad y que les sirven de parámetro de comparación para evaluar la efectividad y los resultados de la misma. Mientras más altas son las expectativas que se tiene sobre una persona, más se sufre y menos se entiende la relación en una separación. Depositamos nuestra propia felicidad en los actos de una persona y si cumple nuestras expectativas "somos felices" pero si no las cumple aparece el conflicto.

     Muchas diferencias o incidentes domésticos leves, aunque sean repetidos, no indican la necesidad de una terapia profesional de pareja. La pareja tiene muchos recursos para resolver conflictos de rutina que deben movilizarse con anterioridad. Los problemas de comunicación serios e insolubles que aún no han deteriorado de manera irreversible la relación de pareja y el deseo de seguir juntos, son la principal indicación de terapia de pareja.

     Cuando la relación empieza a deteriorarse y se piensa seriamente que no se aguanta más y no se ve salida, es el momento de plantearse la posibilidad de que alguien ajeno y profesional pueda echar una mano. La posibilidad de la separación está siempre ahí, pero hay que tener en cuenta que es muy dolorosa, sobre todo cuando hay hijos pequeños.


     Si bien la terapia o la asesoría pueden ser caminos para aliviar las cargas, recomponer estructuras y definir el futuro de un matrimonio, la dinámica de una pareja es tan compleja, que identificar cuándo y por qué hay problemas no es sencillo, como tampoco es fácil saber cuál es el momento adecuado para consultar. Sin embargo, al tomar la decisión de acudir a una terapia es importante que el amor subsista a pesar de las vicisitudes que entraña la convivencia diaria.